Samanta Ortega Spadaro es una de esas voces que sigo a diario. Desayunarse con uno de sus poemas es una excelente forma de comenzar el día. Pueden leer sus textos en
Las Cotidianas y en
Cuadernos de Bitácora.
La luz siempre es luz
Luz que mira con tus ojos (los elige). Amor es. Y miras de tan cerca que succiona la luz de tu boca mi boca. Sigue.
Amor, el odio. Amor, la noche. Amor esquivas en la resignación. Pero caes finalmente y dejo que creas que tú conquistas. Aunque hoy la sonrisa esté en mis labios y en tu cuerpo la intranquilidad de un guardián.
Amor es uno. Amor es otro. Amor es un año o cien, pero amor siempre. Por eso es eterno aunque tenga distintas pieles.
¿D A 2?
Volver. ¿A dónde? A casa. ¿A casa, cuál? La única. ¿Y ésta? Esta no será casa hasta que no nos hayamos ido. Por favor, ahora no. Ahora no tiene más correa, no puede estirarse. ¡Queda tan lejos! Todo espera. Tú esperas, ellos se han acostumbrado. ¿A qué? A lo que tú no. Casa es casa. ¿No lo ves?, el techo se ha caído. No el mío. Si, el tuyo también porque es el mismo, y los escombros no se unen. Lo que fui; lo que fui lo he perdido. No te harás más joven. Por eso, porque adelante es volver. ¿Volver a dónde?
Cuando el camino es para uno solo
Diálogos de la tierra
No te confundas. No soy ninguna santa. Aunque estuve convencida. Bastó la oportunidad para demostrar lo contrario.